Un Regalo Especial para Ti

Esta página web es para ti, Kevin. Aquí encontrarás dos ensayos que escribí pensando en lo que significa amarte, y las frases de cada día de la semana en que te extrañé. Cada palabra aquí es un pedacito de mi corazón para ti.

"En la inmensidad del tiempo y del espacio, coincidir contigo ha sido mi mayor fortuna."

"Yo seré para ti único en el mundo, tú serás para mi único en el mundo"

- El Principito

Frases de la Semana

Una frase para cada día que te extrañé

*La mayoría de estas frases son de mi libro favorito:

"Los diarios secretos de las chicas (in)completas"

Sábado

"Entonces pensé en ti, en que pensabas en mi"

Domingo

"No dejes de pensar en mi, yo no dejo de pensar en ti"

Lunes

"Debes sonreír cada día pues solo así podrán nacer nuevos universos"

Martes

"Siempre tuya, en otro tiempo, ahora mismo, en cualquier mundo donde estar a tu lado es perfecto"

Miércoles

"Recordé cuando nos besamos por primera vez, fue como aprender a respirar"

Jueves

"Eres mi mundo Kevin"

Viernes

"Te amo de verdad"

Con todo mi corazón

Sábado

"Debes sonreír y así mi oscuridad se iluminará cuando despierte asustada a medianoche"

Domingo

"Si sonríes sabré que vives y yo también"

Cada día pensando en ti 💭

Durante toda esta semana, cada día que pasó sin verte, escribí una frase pensando en ti. Algunas son de mi libro favorito porque las palabras de ese libro siempre me hacen pensar en nosotros, en lo que sentimos, en lo especial que eres para mí.

Cada palabra aquí es para ti, Kevin 🤎
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Nuestros Pensamientos

La Ausencia de la Presencia:
Viviendo 800 Eternidades sin ti

Desde el experimentar humano, el amor deja de ser solo un sentimiento y empieza a convertirse en una forma de ver y vivir el mundo. No se queda únicamente en lo que se siente cuando la otra persona está, sino que se extiende a cómo interpretamos lo que vivimos, cómo nos relacionamos con los demás y cómo le damos sentido a los momentos cotidianos. Desde la psicología se ha demostrado que los vínculos afectivos profundos influyen en nuestra manera de pensar, sentir y actuar, integrando a la persona amada en muchos aspectos de nuestra vida, incluso cuando no está presente.

Desde ahí, la ausencia de alguien que amamos no es simplemente un vacío. No es solo que falte alguien, es que todo cambia un poco. Los momentos se sienten distintos, las experiencias se reinterpretan y, de alguna forma, el tiempo parece volverse más lento, más pesado, como si cada instante sin esa persona se sintiera más largo de lo normal, casi como si fueran pequeñas eternidades acumulándose.

Entonces desde aquí surge la pregunta de muchos: ¿Cómo es posible que la ausencia de alguien transforme tanto la forma en que vivimos el día a día, hasta el punto de sentirse como muchas eternidades sin él (Sin ti)?

La verdad es que cuando alguien se vuelve importante, empieza a ocupar un lugar central en la forma en que entendemos la vida. Por eso su ausencia no pasa desapercibida. Según Bowlby (1969), los seres humanos creamos vínculos que nos dan seguridad emocional. Esos lazos no desaparecen cuando la persona no está, se quedan dentro de nosotros.

Algo similar plantea Ainsworth et al. (1978), cuando habla de la “base segura”, esa persona que nos hace sentir tranquilos, donde todo parece más fácil. Y aunque no esté físicamente, su presencia sigue existiendo en nuestra mente, en cómo pensamos y sentimos lo que vivimos.

Además, estudios más recientes como los de Mikulincer y Shaver (2007) explican que el amor cuando se presenta en la adultez continúa funcionando de forma parecida, buscamos cercanía, sentimos la distancia y cuando esa persona no está, aparece una especie de ansiedad que no siempre se nota por fuera, pero sí se siente por dentro.

Por eso, cuando alguien falta, no es solo su presencia la que se extraña. También cambia la forma en que vivimos todo lo demás.

Por ejemplo, cuando estamos con otras personas, realmente estamos, pero no del todo. Hay una parte de la mente que se va, que imagina cómo sería ese mismo momento si él estuviera ahí (si tú estuvieras aquí). Es como vivir en dos versiones al mismo tiempo, la real y la que uno quisiera (la que yo quisiera contigo).

También pasa que no solo recordamos, sino que imaginamos. Creamos escenas, conversaciones, risas que no están ocurriendo, pero que podrían existir. Y eso hace que la ausencia no sea silencio total, sino una presencia incompleta.

En algunos casos, inclusive el tiempo se siente diferente. Los días pueden parecer más largos, los momentos más pesados. No porque pase algo malo necesariamente, sino porque falta alguien que hacía que todo se sintiera más ligero. Como si cada segundo sin él se expandiera más de lo normal.

Alguien podría decir que esto es dependencia, que no es sano sentir así la ausencia. Pero esa idea se queda corta. Como explica Bowlby (1969), necesitar a alguien emocionalmente no es debilidad, es parte de lo que significa vincularse de verdad. No se trata de no poder vivir sin el otro, sino de que el otro se vuelve parte de cómo vivimos todo.

No es que uno deje de ser uno mismo. Es que ahora hay alguien más dentro de esa forma de ver el mundo.

Por eso, al final, extrañar no es solo notar que alguien no está. Es sentir su ausencia en lo más cotidiano, en lo más simple, en lo que antes parecía normal.

Te extraño en cada momento en el que estoy con otros, en cada pensamiento que sin querer, te incluye, en cada instante en el que imagino cómo sería todo si estuvieras aquí.

Te extraño en los segundos que se alargan, en los días que pesan más de lo normal, en las horas que no pasan igual cuando no estás.

A veces ni me doy cuenta, pero todo me termina llevando a ti.
Todo sería mejor si estuvieras aquí.
Y no sé cómo explicarlo sin que suene exagerado,
pero es que no es solo que te extraño…
Cada momento sin ti, se siente como vivir ochocientas eternidades sin ti.

Con amor, Nells.

Referencias Bibliográficas

  • John Bowlby (1969). Apego y pérdida: Vol. 1. El apego. Nueva York: Basic Books.
  • John Bowlby (1973). Apego y pérdida: Vol. 2. La separación: ansiedad y enojo. Nueva York: Basic Books.
  • Mary Ainsworth, Blehar, M., Waters, E., & Wall, S. (1978). Patrones de apego. Hillsdale, Nueva Jersey: Lawrence Erlbaum.
  • Mario Mikulincer, & Phillip Shaver (2007). El apego en la adultez. Nueva York: Guilford Press.

El Amor como Construcción Consciente
entre el Miedo, el Anhelo y la Paz

Quizá esto no sea, en sentido estricto, un ensayo. Los ensayos suelen escribirse en tercera persona, con distancia y análisis. Pero en mi caso, hacerlo así sería perder el sentimiento de lo que quiero expresar. Porque el amor no se entiende desde afuera, se vive desde dentro. Y escribir sobre él sin involucrar el corazón sería tan frío como hablar del fuego sin haber sentido nunca su calor.

El amor siempre me ha parecido una experiencia tan deseada como temida. Tal vez porque amar implica despojarse en gran parte de tus silencios, permitir que otro ser mire dentro de uno mismo sin defensas. Y en esa desnudez emocional hay una fragilidad que asusta. Pero también, en esa misma fragilidad, existe algo profundamente humano, la necesidad de encuentro, de sentirse mirado sin juicio y querido sin condiciones.

Durante mucho tiempo me ha acompañado el miedo a amar. Miedo a perderme en otro, a entregar demasiado, a romper la paz que tanto me ha costado construir. Sin embargo, ese mismo miedo ha sido la sombra de un deseo aún más profundo, el de amar de verdad, aunque hasta hace poco creí que solo era una idea forjada con base de k-dramas y libros de romance de época. Porque aunque me asuste, sé que el amor, cuando es mutuo, es una de las formas más bellas de habitar el mundo.

Tener miedo a amar es como vivir y temer a morir;

inevitable, pero también absurdo,

porque en ambos actos (amar y morir)

se revela lo más puro y esencial de nuestra existencia.

Platón, en El Banquete, decía que el amor es “el deseo de engendrar en la belleza”, tanto en el cuerpo como en el alma. Y comprendo sus palabras: amar no es solo desear, sino crear algo nuevo junto al otro. No busco un amor que consuma, sino uno que construya; no un amor que arrebate la paz, sino uno que la comparta; pero en caso de que esa paz sea destruida, lo haga con la fuerza del sentimiento profundo, que sentir sea tanto, que la paz no sea una opción.

A veces me detengo a pensar en la clase de amor que siempre he soñado, un amor donde ambos estén presentes, donde las ausencias no sean silencios fríos sino espacios para crecer. Un amor donde no baste con amar en el ahora, sino que se ame también las versiones futuras de quien uno se convertirá. Porque amar de verdad no es quedarse con una imagen estática del otro, sino aceptar que las personas cambian, que la vida nos transforma, y que la madurez del amor está en acompañar esos cambios sin romper la conexión.

Fromm, en El arte de amar (1956), escribió que “el amor no es un sentimiento fácil para nadie”. Y lo entiendo, amar no es dejarse llevar por la emoción del momento, sino aprender a cuidar, a respetar, a comprender. Fromm también decía que el amor auténtico es un arte que requiere práctica, disciplina, humildad y fe. No se trata solo de sentir, sino de decidir amar cada día.

Por eso creo que conocerse antes de “oficializar” algo no es frialdad, sino respeto. Es un acto de paciencia y de responsabilidad. Porque el amor que nace con prisa se desgasta pronto, pero el que se construye con calma e intención tiene raíces más hondas.

También he comprendido que no quiero un amor que me complete, sino uno que me acompañe. Durante algún tiempo, en mi inocencia, mientras veía a personas que me rodeaban, pensé que el amor debía llenar vacíos, pero ahora sé que el verdadero amor surge cuando uno ya se ha encontrado a sí mismo. Nadie llega para salvarnos; llegamos al amor cuando entendemos que ya somos suficientes. Hooks (2000) lo expresó con claridad: “Amar bien es un acto de resistencia, porque en un mundo que nos enseña el miedo, elegir el amor es elegir la libertad”.

Mi soledad me ha enseñado a valorar la paz, y por eso sé que quien realmente me ame sabrá respetarla. No quiero que el amor sea una invasión, sino una convivencia. Como dice May (1969), el amor auténtico “no absorbe ni domina; busca el crecimiento mutuo”. Y en esa frase encuentro lo que busco: un amor que inspire, no que oprima; que sostenga, no que anule.

Bauman, en Amor líquido (2005), advertía que las relaciones modernas se diluyen porque las personas temen a la profundidad. Y tal vez por eso, muchos confunden el deseo de poseer con la necesidad de amar. Pero amar de verdad no es poseer. Amar es aceptar la libertad del otro y, aun así, seguir eligiéndolo. Es tener la valentía de mirar al otro y decir: no te necesito para ser, pero elijo ser contigo.

Y si me preguntas cómo vamos, te diría que vamos construyendo.

No corremos ni nos detenemos. Vamos aprendiendo a mirarnos sin miedo, a querernos sin prisa, y a dejar que el amor crezca, no como un fuego que arrasa, sino como una llama que ilumina.

El amor, lo he comprendido (o por lo menos, eso creo), no es un refugio para escapar del mundo, sino una manera de habitarlo de forma más humana. Amar es tener el valor de abrir el corazón, aun sabiendo que puede doler. Es comprender que, aunque la vida sea incierta, el amor sigue siendo la apuesta más valiente.

Y así, entre el miedo y el anhelo, sigo aprendiendo a amar:

con la calma del que no huye,

con la fe del que espera,

y con la ternura del que, al fin, ha entendido que el amor no salva, pero acompaña a salvarse.

Referencias Bibliográficas

  • Bauman, Z. (2005). Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Económica.
  • Fromm, E. (1956). El arte de amar. Paidós.
  • Hooks, B. (2000). All About Love: New Visions. William Morrow.
  • May, R. (1969). Love and Will. W. W. Norton & Company.
  • Platón. (S. IV a.C.). El Banquete. Traducción de M. García Gual. Alianza Editorial.

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